Domingo, 2 de marzo del 2008Un día en la ciudad
Aprovechando que estaría en México para pasar las fiestas de fin de año, había acordado con antelación verme con un antiguo amigo de la secundaria. Con la constante del tráfico citadino decidí utilizar el transporte público y evitarme los acostumbrados enojos y momentos de estrés de manejar. Tomé el transporte público con destino al lugar acordado, sin saber de las sorpresas que el destino te puede dar.
Sabiendo de lo terrible del tráfico había decidido salir con bastantes horas de anticipación, previniendo cualquier retraso. Por lo general me gusta viajar en la parte trasera del autobús, muy cerca de la salida y así evitarme los tumultos y apretujones de la bajada. Tenía poco mas de 10 años que no veía a Eduardo, de vez en cuando nos comunicábamos por correo electrónico, la comunicación era muy escueta, tal vez unos 5 o 7 correos en todo ese lapso de tiempo; las veces que yo le contestaba siempre terminaba con la pregunta de rigor – ¿sabes algo de Alfonso?
Alfonso, era también compañero de la secundaria, el mas aventado con las chicas y el que siempre tomaba la iniciativa, le encantaba probarnos. – ¿A ver quien escupe más lejos…? ¿A ver quien eructa más fuerte?, A que ustedes se embriagan primero que yo... Siempre gozó de popularidad en la escuela, tenía buena estrella, le encantaban los retos, pero odiaba perder o verse en desventaja y en cierta forma entre el y yo había una rivalidad que nos unía pero que nos mantenía siempre en competencia. Nuestra amistad se desvaneció años antes de que yo dejara la ciudad; la última vez que supe de él fue cuando trabajamos juntos para una compañía de seguros, yo me encargaba de los sistemas de cómputo de la empresa y el era el jefe de seguridad, de eso hace más de 10 años. Todo esto iba recordando en el trayecto para reunirme con Eduardo, con los ojos cerrados imaginaba aquellos años en los que solo nos dedicábamos a pasarla bien y vivir el momento sin pensar en las consecuencias; las veces en las que competíamos por ver quien era el mejor en el básquetbol o el que consiguiera primero los discos de rock que tanto nos gustaban. Como fondo escuchaba el murmullo de los pasajeros, el subir y bajar de los viajantes y el ruido normal del tráfico de la ciudad; recordaba la última vez que vi a Alfonso. Esa tarde, después de un cansadísimo día de trabajo me despedí de él. Era cierre de mes y pago de nómina y el se quedaba a veces hasta después de medianoche cuando los contadores terminaban los balances y preparaban los sobres de pago para los empleados; como jefe de seguridad se cercioraba que en esos días hubiera protección extra en la empresa; todo marchaba bien, estaban a punto de retirarse los últimos empleados y Alfonso mandó a sus subalternos a revisar las salidas y él se encamino a la caja de seguridad para verificar que todo estaba en orden. Pero al parecer el vigilante de la entrada se descuidó pues cuando menos se lo esperaba varios sujetos armados entraron a la oficina, golpearon a varios empleados, amagaron a los hombres de Alfonso y a el se lo llevaron como rehén junto con la nómina. El robo salió hasta en las noticias por lo cuantioso del monto, se decía que junto con el dinero de la nómina, los ladrones habían encontrado en la caja fuerte los centenarios que el dueño de la empresa mantenía guardados, se mencionó que era un dineral pues el patrón estaba por divorciarse y para no repartir el dinero con su esposa, había sacado el dinero de sus cuentas bancarias y después cambiado a centenarios que mantenía a resguardo en su propia oficina. Todo fueron rumores pues nunca se supo en realidad que tanto dinero se habían robado, lo único seguro fue que a Alfonso lo encontraron amarrado y golpeado dos días después en la carretera panamericana. Después de las primeras investigaciones y al no encontrar culpables le quisieron “cargar el muerto” y estuvo en el reclusorio unos meses, pero al final por falta de pruebas salió libre, herido en su orgullo y su integridad desapareció y no se le volvió a ver. De Eduardo, realmente sabía muy poco y mientras seguía divagando en mis pensamientos de pronto una voz grave irrumpió las conversaciones y mis recuerdos: -¡A ver chofer cierra la puerta y maneja sin voltear, ni se te ocurra detenerte…¡ ¡Y ustedes no se muevan canijos, porque si no se los carga el payaso! Mis pensamientos se congelaron, sabiendo de la violencia y la facilidad con que los asaltos se han vuelto cosa de todos los días en México, traté de disimular y fingí estar dormido, continué con los ojos cerrados y me arrinconé en el asiento, pero muy atento a cualquier sonido o comentario del asaltante. Conforme escuchaba que se acercaba podía oír el llanto de algunas mujeres cortando el silencio, yo solo contaba los pasos, pues aun con el camión en movimiento se escuchaban firmes y secos, hasta el punto en que los sentí a mi lado acompañados de esos cinco segundos en los que un sudor frío recorre el cuerpo y todo puede pasar. -¡Tu, infeliz, no te hagas el dormido y dame la cartera! Me mantuve con los ojos cerrados confiando en que el asaltante me creyera dormido y regresara con los demás pasajeros, pero cuando sentí la presión del cañón de la pistola en mi cabeza y el sujeto seguía insultándome e insistiendo que despertará, me di cuenta que esa voz me era familiar, ya la había escuchado antes, como las veces cuando tomas el teléfono sin saber quien llama pero la sabes conocida, segundos bastaron para que mi mente reaccionara. -¿Tu? ¿Pero que haces aquí? -¡Qué onda contigo, mi buen! Pues aquí, ya ves, chambeando. -¿Supongo que ahora puedo preguntar qué paso?..., te perdiste tanto tiempo… ¿Qué ha sido de ti? De Eduardo sabía menos, meses antes de aquel asalto a la aseguradora lo dejé de ver, la rivalidad entre Alfonso y yo también hizo nuestra amistad mas fuerte y Eduardo era solo el que nos seguía en nuestras competencias y travesías; era el que secundaba nuestras complicidades cuando alguno de los dos ganaba en tal o cual competencia, siempre estaba a la sombra de lo que nosotros hiciéramos y a comparación mía, Eduardo se sentía menospreciado por Alfonso y con un gran reconcor. -‘Pérame carnalito…¡Hey chofer!, no se pare, sígase de frente. Usted señora no se haga guaje, ya la vi que se guardó el reloj debajo de la falda, sino quiere que le meta mano mejor démelo de una vez… Pues ya vez, ya hace tanto tiempo ¿Cuánto? ¿10, 12 años? Ha pasado un buen ¿no crees? -¡Muchísimo! Pero yo pensaba encontrarte mas tarde en donde quedamos de vernos, ¿ahora te dedicas a la “uña”? -Pues la vida es canija y hay que buscar de comer, además me la paso bastante bien -¿Pero cómo, hace cuanto que te dedicas a esto? -Pues ya hace bastante tiempo y la verdad es que todo se lo debo a Alfonso, gracias a él es que estoy en esto. -¿Alfonso? ¿Y él porque, que sabes de él? - Pues lo que pasó es que hace ya bastante tiempo decidimos jugar una apuesta, él me debía la de “Lolita” y le dije que por una sola vez y en definitiva esta vez le iba a ganar y le iba a dar donde mas le dolía –su orgullo. Recordé lo de “Lolita”; Dolores era el amor platónico de Eduardo y por mucho tiempo hizo la lucha por conquistarla, cuando Alfonso se enteró y la conoció le hizo la ronda por algunas semanas, Lolita no se resistió a Alfonso y anduvieron algunos meses; Alfonso nos contaba los detalles de sus encuentros amorosos en hoteles de paso y otro lugares solo para molestar a Eduardo y éste nunca se lo perdonó, a Lolita la consideraba inalcanzable y el que su amigo le “diera baje” lo consideraba imperdonable. -Así que me dediqué a preparar mi venganza, el robo a las oficinas donde ustedes trabajaban me tardó meses en juntar a la gente indicada y en sacarle información a Alfonso, las veces que nos veíamos yo le hacía preguntas de su trabajo que él contestaba inocentemente si saber que yo iban uniendo cabos para saber información de los horarios de trabajo, cambios de turno, días de pago, etc. En una de esas hasta me contó de los centenarios que guardaba el dueño de la empresa; así que el día planeado hicimos el asalto y me lo llevé un par de días como rehén, la primera noche que pasó secuestrado descubrí mi identidad para que supiera quien era, no se explicaba que un amigo fuera el que lo pusiera en mal en su trabajo, pero yo le recordé que un “amigo” me había quitado a Lolita; además como le dije que había sembrado ciertas pruebas para inculparlo, eso le dolió aun mas. Mis hombres le dieron algunos golpes sin llegar a lastimarlo gravemente y lo narcotizamos y lo dejamos tirado en la carretera; por los periódicos me enteré de la secuencia de la historia y con eso me di por servido. Me enteré después por otros de algunos sucesos de la vida de Alfonso, quise acercarme a él para ayudarlo pero siempre llegaba a mi mente el recuerdo de un detalle importante. Cuando tenía a Alfonso cautivo me dijo que el no se vengaría de mi, que mis actos me iban hacer pagar caro lo que había cometido y que habría un momento en el que el castigo sería definitivo. Desde entonces me ha gustado esta “actividad”, el dineral de aquel robo se me acabó con los años y pues de algo hay que vivir así que ahora le entro a todo, robo de casas, comercios, autos y hasta esto de andarle dando baje a los pasajeros. -¿Y que pasó con el otro señor?- Preguntó una señora sentada dos asientos delante de mi. -Ah que vieja tan metiche, calladita se ve más bonita doña. Pues Alfonso… De pronto y sin darnos cuenta, el chofer frenó bruscamente, el impacto fue inmediato y yo solo alcancé a agarrarme del barandal metálico que se encontraba en el asiento anterior al mío; Eduardo que se encontraba parado no alcanzó a sostenerse y cayó en medio del pasillo golpeándose en la cabeza, aturdido trató de parase pero el chofer que con toda la intención frenó, ya se encontraba cerca de él, tan cerca que el único disparo que se escuchó fue mas que certero. Brinqué hasta el pasillo para auxiliar a Eduardo, su cara se tornó pálida, yo solo pude exclamar… -Eduardo ¿Sabes algo de Alfonso? -Alfonso…Alfonso…no… -Y frente a mis ojos suspiró su último aliento. Referencias
URI de referencia para esta entrada
No hay referencias
|
BuscarSuscripción¿Deseas recibir las actualizaciones de esta página?CategoriesSyndicate This BlogInformaciónTodos los derechos reservados.
Daniel Galán
cdgalan@gmail.com
|